domingo, 22 de septiembre de 2013

Prometo no ceder, prometo no olvidarme.
Prometo ya no estar pendiente de encontrar
una mirada, esa mirada.
Prometo no confundir ni dejarme confundir.

Prometo alejarme silenciosa, casi
sin que te des cuenta.

Prometo no desearte por las noches,
prometo ya no anhelar el abrazo
y todo lo que eso implica.

Prometo no esperarte más
y prometo comprender la realidad
por más dura o infiel que se torne.

Sé muy bien que lo peor todavía no ocurrió.

Prometo despegarme de todo lo pasado, 
de todo lo llovido
de todo lo que ya ha quedado atrás.

Prometo ya no sentirme bien ni mal
prometo no dejar que vos ni nadie
sea el señor de mi interior.

Nunca más

Prometo ya no salir a buscarte
prometo no esperarte cada día
cuando se vaya el sol.
Incluso cuando no aparezca.

Prometo no olvidarte,
y aunque quisiera hacerlo...
Prometo recordarte y no dejar de sonreir
prometo ya no desearte
ni bien
ni mal, 
ya no desearte.

Prometo ni una palabra más
prometo ya no volver nunca atrás,
prometo no darlo todo por perdido.

Prometo dejarte de pensar
pero te amo más cada día.
 Aunque ya no signifique nada.
Es una utopía que se me aleja de las manos
y a veces creo en ella
a veces la quiero alcanzar.

A veces empiezo a vivir con ella
imposible, fugaz.
Sobre todo
imposible.

Pero no dentro de mí.
Dentro: remolino de sensaciones
remolino de recuerdos
y promesas nunca cumplidas.

Promesas rotas, olvidadas, imposibles de realizar.

Pero el tiempo pasa y ayuda a amortiguar.

Cuando pensas que te morís
y que ya no hay nada más,
resurgis.

(Si me arrepiento de algo
es de no haberte amado más mientras pude)





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