jueves, 31 de octubre de 2013

Marzo fue triste
Abril fue triste
Mayo fue triste
Junio fue triste
Julio fue triste
Agosto fue el peor.
Septiembre también fue triste.
Octubre fue triste a medias, 
y cuando quise darme cuenta:
volví. 
Y ya dejé de llorar después de coger
o después
de masturbarme.
La ira ya no me corroe
ya no tengo ansias de matarte
o tal vez de verte sufrir.
Ya no tengo tantos dolores de cabeza
ya no me preocupo 
por si amas a alguien más
ya no lloro antes de dormirme
ya no te esperaré nunca más.

Y no quiero sonar como una superada
antes de todo esto creí morir de amor.

Tengo guardada mi lista de recaudos
en el corazón
frío
dolido
amargado
espinoso
pero al fin
corazón.

Te llevaste todo
pero de olvidaste de llevar con vos
mis ganas de olvidarte
mis ganas de resurgir.

No pudiste cambiarme
ni me vas a hacer cambiar.

Quizás crecí, no lo sé.

Ya nada es lo que era.

Cosas que me vuelan la peluca

- Mojar oreos en la leche blanca y comerlas blanditas.
- Dormir con medias, remera pero sin bombacha.
- Grabarme la voz y escucharla.
- Comer fideos con la cara.
- Matarme a pajas antes de un parcial.
- Clavarme una pepa y cagar re loca.
- Que me chupen la concha BIEN.
- El sexo sádico.
- Que me despierten con la pija dura en la puerta.
- Aprobar geopolítica (media pija menos en el orto).
- Que me hagan masajes.
- La birra helada, casi congelada.
- Y creo que con eso vamos bien.

Entre otras noticias me siento feliz, y me siento feliz también porque tus palabras o tus acciones ya no signifiquen nada para mí, algún día tenía que pasar. La vida es simple, los forros como vos la complican.

Besitos.

sábado, 19 de octubre de 2013

Necesito que me la pongan un rato.
Estoy toda la semana enclaustrada con el ogete en los libros y lo único que pido es una pija bien dura.
Nada más.
Gracias. 
Como odio quedarme con las ganas. (Se empieza a generar el odio)
Bah, yo que sé.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Aprendí a darme cuenta, que no tenes por qué amarme,
que ese motivo egoísta que siempre me motivó a esperarte
murió el día en que acepté tu despedida.

Aprendí a darme cuenta que no tenes por qué amarme,
que todo lo que algún día sentí por vos no significa nada
ni me hace irrepetible, ni por siempre vulnerable.

Yo viví el día que pude encontrarte
verte, y al mismo tiempo mirarte.

Yo morí el día en que pude decirte adios.

Una pequeña parte de mi, para siempre quedó

La otra, la que me condenaba por siempre dentro de vos.